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CADENA DE ERRORES

El resultado de la prueba de contraste realizada el 24 de septiembre tuvo un resultado satisfactorio para decidir que la patología sufrida por Alonso Valadez sería abordada a través de una embolización, que debían realizar los servicios de Radiología Vascular, pese a que el paciente se encontraba ingresado en el Servicio de Neurocirugía.

Pese a la situación sufrida de inicio, la intervención se programa para el siguiente viernes 28 de septiembre, más rápido de lo que podíamos esperar. Pero como el sino de mi padre estaba escrito en este hospital, todo se torció el mismo día de la intervención, concretamente minutos antes de que por fin se abordara su patología.

La intervención se produciría alrededor de las 10 de la mañana. Sobre las 10.30, unos diez minutos después de llegar yo desde Estepona, una celadora llega a la habitación de mi padre con una silla de ruedas para llevarlo. Antes de entrar en quirófano, por algún motivo que nadie nos comunica, tiene que pasar por Preanestesia. Mi madre es quien acompaña al servicio de Preanestesia a mi padre, mientras yo quedo en la sala de espera.

A los veinte minutos aproximadamente, veo abrir la puerta de Preanestesia y a mi madre con lágrimas en los ojos, seguida de mi padre en la silla de ruedas que empuja la celadora. La imagen de mi madre alejándose de mi padre hacia una ventana para llorar desconsoladamente es una de las muchas vivencias que no podré olvidar jamás de aquel hospital.

Ante la incertidumbre de lo que había pasado me acerqué nervioso a mi madre para preguntar que es lo que pasaba. Ella llorando me contó a duras penas que la operación había sido suspendida porque uno de los medicamentos que estaba recibiendo mi padre, debían habérselo retirado al menos con ocho días de antelación, y que si lo operaban en ese momento el riesgo de desangrarse y morir en quirófano era muy alto y por tanto habría que esperar unos ocho días para volver a abordar la intervención, una vez dejarán a partir de ese momento de suministrarle esa medicina.

A la indignación de los 11 primeros días en los que le dejaron hasta en tres ocasiones en ayunas para no hacerle la prueba de contraste, se sumaba un nuevo error de bulto a la situación. Y lo peor es que no quedaban más cojones que aguantarse y esperar los ocho días de rigor para que de una vez le atendieran y poder rehacer nuestra rutina de todos los días.

Y sobre todo. Si llevan un parte diario de enfermería en el que están anotadas toda la medicación y estado del paciente ¿Cómo es posible que no se tuviera en cuenta antes, y suspendan la operación minutos antes? ¿A quién hay que responsabilizar del suceso?


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