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LA IMPOTENCIA DEL DESAMPARO

Justo después de poner mi primera reclamación administrativa en Carlos Haya (10 de octubre) con el mismo texto del burofax, vuelvo a solicitar ser recibido por el Dr. Montenegro. Me recibe y ante la sorpresa de verme allí dos días después de la primera vez, vuelvo a la carga pero con argumentos de peso (al menos eso creía) para que me diera una solución sobre el caso de mi padre.

Le pregunté si había recibido el burofax, contestándome que no, a lo cual yo respondí haciéndole entrega de una copia del mismo. Continúe comentándole que me había puesto en contacto con la Asociación del Defensor del Paciente, que me instó a remitir ese burofax en el que dejaba claro tras exponer mi argumentación que todo lo que sucediera a mi padre a posteriori sería responsabilidad del hospital, y que si no me daba una solución "ya" pondría el caso en manos de mis abogados, responsables políticos y medios de comunicación.

Si este señor ya me pareció déspota en nuestra primera entrevista, la segunda me confirmó esa sensación. Su respuesta a mis "amenazas" fueron: "Si tienes abogados, llámalos, si conoces políticos, contacta con ellos, y si tienes medios de prensa a tu disposición, utilizalos. Y si pasara algo y un juez dicta que soy culpable, pues iré a la cárcel". Continúo diciendo: "Ya te dije el lunes que estamos saturados de urgencias y no podemos atender a tu padre, porque respecto a estos casos su situación no es ni prioritaria ni grave. Con suerte podrá ser atendido la semana que viene si hay alguna intervencion que se cancele".

De nada sirvió que le pintara la situación de mi padre de mil colores, el tio permaneció impasible a todos mi argumentos y me pidió mi número de móvil para llamarme si se cancelaba alguna intervención. Una vez salí de allí y llegué a la habitación de mi padre, aproveché que entró en el baño para romper a llorar ante mi madre por la impotencia que sufrí en aquel despacho. Cuando salía mi padre del baño, mi madre me dijo que me secara las lágrimas para que no me viera y que salieramos fuera para que le contara.

Pero lo que más impotencia me provocó fue el ver la situación en la que se hundía mi padre, que al saber que venía de hablar con el subdirector me dijo una cosa que ya me comentó en ocasiones anteriores en su permanencia en el hospital: "No trates de hablar con esta gente, porque si encima te pones por las malas lo único que vas hacer es que me jodan más aún." Aunque pueda parecer increíble, mi padre tenía miedo a sufrir represalias del hospital!!! Lo único que se me ocurrió contestarle fue "Papá, no creo que te puedan joder más de lo que estas". Encima me equivoqué totalmente.


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