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CUANDO TODO VA MAL... SÓLO PUEDE IR A PEOR

Mi hermano acudió a visitarle el domingo 14 de octubre y al igual que yo un día antes, el también se despidió de nuestro padre sin pensar que sería la última vez que lo haría con él consciente.

El lunes 15, llame a mi a madre a las 22.00 horas para ver que tal había pasado el día nuestro viejo. Me dijo que tras la cena (media hora antes de llamar) se puso muy inquieto e intranquilo, que le había dado como un espasmo con los ojos abiertos como platos quedando totalmente desorientado. Entraron los enfermeros y le pusieron un tranquilizante, pero la cosa no pintaba bien. Le dije a mi madre que si tiraba para Málaga de isofacto, y me dijo que no, que ya estaba en la cama algo relajado tras la intervención de los enfermeros.

A la mañana siguiente, alrededor de las 10.00, mi madre me llama por teléfono y me dice que vaya para Málaga, que a mi padre le ha entrado algo raro y que ha pasado un desfile de médicos para ver de que se trata, pero que no dicen nada. Salgo para Málaga y cuando llegó al hospital, encontré la imágen que ni un sólo hijo le gustaría ver en su vida. Vi a mi padre con las muñecas atadas a los barrotes de la cama, forcejeando contra los mismos con intención de levantarse, no gesticulaba palabra alguna, sólo gemidos y quejidos, los ojos abiertos como platos con la mirada desorientada.

Media hora después llega mi hermano al hospital y los nervios comienzan a agravar más la situación. Salimos al pasillo donde los médicos debaten que es lo que ha podido suceder, a lo que interrumpimos bruscamente en busca de una respuesta. Entonces, uno de los médicos comete el peor error que podía tener en ese momento. Su argumento a la situación con el que nos contesta es: "Mmmm... verá... Eeee... Es que su padre ha tenido muy mala suerte..."

Hiiijo de puta!!!!! Tiene la desfachatez después de todo lo que mi padre lleva sufrido por una cadena de errores médicos de decirnos que lo que a mi padre le estaba ocurriendo era producto del infortunio!!! En ese momento sólo se me pasó por la cabeza reventarle la boca, pero entre que conté diez y el único médico de los allí presente echó un par de huevos y nos cogió a mi hermano y a mí para llevarnos a su despacho, creo que no cometí un error del que podía arrepentirme pese a que si le hubiera agredido me hubiera quedado satisfecho.


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