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EL HOSPITAL CONTRA LAS CUERDAS

Fue el Dr. Ibañez quien nos llevó a mi hermano y a mi a su despacho. Nos explicó que mi padre había sufrido una crisis epiléptica provocada por un cuadro de infecciones intrahospitalarias, las cuales estaban aún por determinar. De las posibles infecciones que había contraído se manejaba la posibilidad de que fuera neumonía, difteria y meningitis, entre otras que también aparecerían al final, y que se confirmaron tras los resultados de los cultivos extraídos a mi padre.

El Dr. Ibañez nos reconoció además (y eso le honra) a que no se obró bien con mi padre, que estaba al corriente de todo lo acaecido y reconoció que hubo algún fallo aunque no entró en detalles de determinar cuáles. Nuestra única pregunta era si mi padre saldría de esta, y su respuesta fue que era probable aunque sería muy lentamente.

Encima todo esto ocurre un día antes de la operación, la cual acaban cancelando ordenando el ingreso de Alonso Valadez en la U.C.I. el mismo día 17 de octubre, para tratar las infecciones hospitalarias que contrajo.

La pesadilla vivida hasta el momento era una broma pesada en comparación con la que se avecinaba. Con mi padre en la U.C.I. nos veíamos obligados a tener que ir y venir todos los días de Estepona a Málaga y viceversa, estando todo el día en una sala de espera para verlo de 13 a 14 horas y el posterior parte médico, y luego de 20.00 a 21.00 horas.

El hecho de que mi padre acabase en la U.C.I. después de que denunciase a todas las instancias del hospital su situación, hizo temblar los cimientos del mismo, ya que "no era un caso ni grave, ni prioritario" y "si tiene depresión, que se vaya para su casa". Jamás olvidaré esas palabras y espero que algún día un juez las condene.


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