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LA GUERRA POR MI CUENTA (I)

En vista de que sólo nos quedaba esperar la evolución de mi padre, que según pasaba la primera semana en la U.C.I. era muy lenta, me dediqué a lo que yo entiendo como "Ir a tocar los cojones". Dicho y hecho. Solicité una nueva reunión con el Subdirector, Dr. Montenegro (la tercera) y comprobar ahora que la situación se había agravado cual era su criterio. Es decir, si tenía el valor de volverme a repetir lo de las dos veces anteriores.

Para mi sorpresa, su recibimiento fue cordial aunque metiendo la pata a la primera. Al entrar a su despacho derrochó amabilidad al saludarme preguntándome "Hola, ¿Cómo se encuentra su padre?" Ante mi incredulidad le solté; "Cuando no lo sabe usted que Dios le pille confesado". Fui directo al grano y le dije "y ahora qué tiene que decir?". Más suave que un guante cambió todo el discurso déspota, negando que fuera él quien entendiera que mi padre no fuese un caso grave ni prioritario, ya que él se dedicaba exclusivamente a coordinar los planes de actuación según la prioridad que los jefes de los servicios médicos le indicaban.

En otras palabras, le estaba echando el marrón a otro. Como mi única intención era hablar con el máximo responsable de lo sucedido le dije que si él no era el responsable que quería hablar con quien lo fuera, y no dudó ni un segundo en decirme que la responsabilidad era del Dr. Miguel Ángel Arraez, jefe de los Servicios de Neurocirugía, siendo un médico de gran prestigio en su ramo, todo sea dicho de paso. Y como no dudó ni un segundo en exculparse, tampoco dudó en coger el teléfono, llamar al Dr. Arraez y decirle que el hijo del paciente tal iba hacia su despacho para tratar el tema. Salí de allí y esa fue la última vez que me vi con el Subdirector Dr. Montenegro.


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