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LA GUERRA POR MI CUENTA (III)

Ya sólo me quedaba hablar con el Dr. López Ojeda, el que según me indicaban sus propios compañeros, era el responsable absoluto de que no intervinieran a mi padre. Tras recorrer pabellón y medio del hospital, (que por cierto, es un puto laberinto)y preguntar a varias personas de bata blanca donde estaba Radiología Vascular, conseguí dar con la administración del mismo. Para mí sorpresa, (gran sorpresa), la reacción de las tres mujeres de administración que allí se encontraban me dejaron perplejo. Al decir que era el hijo de Alonso Valadez, las tres se levantaron como un resorte de sus asientos, dirigiéndose hacia mí con todo el interés del mundo, preguntando como se encontraba mi padre y cuanto sentían todo lo sucedido.

Cuando acabaron los protocolos, pregunté si el Dr. López Ojeda estaba y si me podía atender. Una de ellas me dijo que no sé qué días tenía que estar en el Hospital Civil y que cuando estuviera por allí me llamarían. Nunca llegué a verme con él. Más que nada porque ni se dignó a recibirme, ni cuando fui de segundas a ver si estaba, seguía en otras ocupaciones.

Así pasaron los días, y seguía estrujándome la sesera para seguir con lo que denominé "Ir a tocar los cojones". Mientras tanto la evolución de mi padre en la U.C.I. era lenta pero favorable. La neumonía que contrajo en el mismo hospital provocó que le tuvieran que hacer una traqueotomía, para que pudiera respirar. Tal y como me lo describía mi madre tras las horas de visita, entubado e hinchado me impidieron sacar valor para entrar a verlo en horario de visita. Sólo mi madre, mi hermano y los hermanos de mi padre se atrevían a entrar. Yo era incapaz de verlo así.


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